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Calzarse y descalzarse ¿Tienes la costumbre de hacerlo sin desabrochar o desatar los cordones? Así afecta a tu calzado y pies

Quitar o poner las zapatillas sin desatar los cordones, con un tirón o empujando/presionando un pie contra otro, es un gesto que cada vez se hace con más regularidad, sobre todo en jóvenes (y no tan jóvenes).

 

Muchas veces se hace cuando vamos con prisa y hay que cambiarse de calzado rápidamente, por pereza o porque resulta más cómodo que “perder el tiempo” desabrochando y abrochando el calzado. Pero…

¿influye este repetido gesto en el calzado y en los pies?

 

 

VIDA ÚTIL DEL CALZADO

 

Aunque parece una tontería, esta pequeña costumbre repetida en el tiempo, no favorece ni a los pies, ni mucho menos al calzado.

  

Cuando nos quitamos las zapatillas sin desabrochar, el gesto habitual es tirar de la zapatilla desde el talón, ayudando con la mano o pisándolo con el otro pie.

 

Es importante destacar que el calzado se suele dividir en diferentes partes, y una de las más importantes es la zona del contrafuerte. Esta parte es un elemento de sujeción y protección para el pie, que forma parte del esqueleto de la zapatilla y que se localiza entre el talón y el forro del talón.

 

Al estar constantemente pisándolo o aplastándolo con el otro pie, o metiendo el pie a presión, conseguimos que la vida media de la zapatilla sea mucho menor y que su función se vuelva ineficaz. Normalmente puede estar formado de distintos materiales que le dan cierta rigidez y que ayudan a contener los movimientos excesivos del tobillo dándole más estabilidad y evitando lesiones como pueden ser torceduras o esguinces.

 

Además, al meter o al quitarnos las zapatillas “a lo bruto”, forzamos los materiales elásticos de toda la zapatilla, incluidos los cordones, restando progresivamente la vida útil a nuestro calzado.

 

 

En el caso de calzado acordonado, como suelen ser las deportivas, lo mejor es atar y desatar los cordones siempre (para evitar todo lo comentado anteriormente). En el caso de llevar velcros es más sencillo y cómodo, sobre todo para los más pequeños o personas con movilidad más limitada.

 

La utilización de un calzador (sobre todo en un calzado más arreglado o con ausencia de acordonado) es perfecto para evitar forzar la piel o los diferentes tejidos intentando introducir el pie y no aplastar la zona del talón.

 

 

Y... ¿TAMBIÉN AFECTA A LA SALUD DE LOS PIES?

 

Esta costumbre no solo acorta la vida útil del calzado, sino que nuestros pies también pueden sufrir. ¿Cómo? Además de roces, presión repetida en el talón o pequeños golpes al quitar o poner las zapatillas de forma “brusca”, si el calzado va perdiendo sus propiedades y contrafuertes, llegará un momento que el pie no irá bien sujeto y protegido en el interior, y por lo tanto afectará en el equilibrio y a nivel biomecánico, sufriendo esguinces o torceduras por la falta de sujeción.

 

Hay que recordar que una persona camina una media de 10.000 pasos al día, por lo tanto, llevar un calzado correcto y bien cuidado es fundamental para proteger los pies en cada paso.

 

 

 

Clínica Podoactiva Sagasta

-Sofía Laseo

-Laura Marín

-Carlos Martin

-Almudena Sánchez

 

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