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Calzado de montaña ¿zapatillas o botas?

Con la cantidad de ofertas que existen en el mercado, la elección de calzado adecuado se vuelve cada vez más difícil. En cuestión de montaña existen muchas opciones y el calzado específico a elegir debe pemitirnos desarrollar la actividad física en las mejores condiciones. Cuando hablamos de montaña nos encontramos con el dilema, ¿qué es mejor, bota o zapatilla? 

 

Víctor Alfaro, director general de Podoactiva, podólogo y experto en biomecánica, comenta que "no existe una única respuesta para decantarnos por una solución u otra, sino que va a depender de diversos factores". 

 

 

CALZADO DE MONTAÑA ¿ZAPATILLAS O BOTAS?

 

Cada vez es más habitual ver a practicantes de senderismo de baja y media montaña usando zapatillas de montaña en lugar de botas. Es importante resaltar que en este artículo nos referimos a situaciones de baja o media montaña donde no sea habitual la presencia de nieve o frío extremo, ya que está claro que bajo esas circunstancias debemos decantarnos claramente por botas de montaña con protección suficiente para nuestros pies.

 

Es importante también matizar que cuando hablamos de “zapatillas de montaña”, nos estamos refiriendo a zapatillas específicamente diseñadas para su uso en montaña, que poco tienen que ver con una zapatilla convencional de las usadas para otros deportes como el running. Y que dentro de esta categorización, como suele pasar con cualquier otro producto, nos vamos a encontrar desde gama muy básica a gama alta, recomendando siempre usar una gama media o alta de producto para garantizar su calidad.

 

Estas zapatillas están provistas de suelas más resistentes, con diseños más agresivos que permiten una mayor fijación al terreno, contrafuertes mejor armados, puntas más reforzadas, etc. Digamos que tendrían muchos elementos en común con una bota de baja o media montaña, pero manteniendo la sujeción por debajo del tobillo.

 

 

Algunas de las ventajas de las “zapatillas de montaña” respecto a las botas son su mayor ligereza y que permiten un mayor grado de movilidad del pie.

 

Si nuestros pies, tobillos o rodillas no tienen ninguna lesión, el hecho de que se permita una mayor movilidad (entendiendo que no vamos a usarlas en terrenos extremos), suele ser siempre positivo. Hemos de entender que el pie es una estructura formada por 28 huesos, 33 articulaciones y más de 100 tendones. Esto nos debe hacer pensar que, sin ninguna duda, es una pieza pensada para el movimiento. Una parte importante de la amortiguación de nuestro cuerpo, fundamentalmente de nuestra rodilla, se basa precisamente en el movimiento de pronación del pie. Cuando el calzado limita en exceso esta pronación, como suele ser habitual en las botas, se produce una disminución de la capacidad de amortiguación del pie, que genera un mayor impacto asumido por el resto del cuerpo.

 

En este sentido, una zapatilla favorece más este movimiento del pie y porlo tanto el efecto amortiguador.

 

 

Por otro lado es importante reflejar que para aquellos pacientes que, por ejemplo, hayan sufrido varios episodios de esguinces en los tobillos, el uso de zapatilla protegerá menos que el uso de una bota que ayude a mantener una mejor sujeción del  tobillo.

 

A nivel muscular también es importante entender que una limitación en la flexión dorsal del tobillo, efecto que se ve favorecido con el uso de una bota, va a generar una marcha más plantígrada y el consiguiente aumento de tensión muscular en la fascia plantar (ligamento situado en la planta de nuestros pies) y en el resto de polea muscular posterior de la pierna (tendón de Aquiles, gemelos, sóleo, isquiotibiales, etc.), siendo más habitual tener una sensación de “piernas cansadas” después de su uso.

 

Un factor que hemos de tener en cuenta es el “drop” de la zapatilla. El drop es la diferencia de la altura de la suela entre el talón y el antepie. Podríamos decir que se trata de “cuanto tacón” lleva la zapatilla o la bota. Es importante usar el drop al que estemos acostumbrados (en ambos casos). Lo habitual es usar un drop entre 1,5- 2,5 cm. Si bajamos la altura del drop de forma brusca, lo que sería usar un calzado más minimalista, podemos sufrir problemas relacionados con el aumento de tensión en la fascia plantar y en la polea posterior de la pierna. Siempre recomendamos en caso de querer bajar dicha altura, hacerlo de forma muy progresiva y unida a un plan personalizado de estiramientos.

 

 

¿LA MEJOR ELECCIÓN?

 

Un buen consejo es intentar alternar ambos calzados de forma que para aquellos usuarios sin lesiones de inestabilidad previas (como los esguinces), la zapatilla de montaña sería una buena elección salvo para aquellas rutas en las que nos vayamos a encontrar con terreno más inestables. En caso de tener factores internos que predispongan a esa inestabilidad (como el hecho de tener un pie cavo o un pie valgo), una solución muy interesante puede ser el hecho de sustituir la plantilla de la zapatilla por una plantilla personalizada realizada por un podólogo experto en podología deportiva. Esta opción nos puede aportar un plus de estabilidad importante.

 

Para aquellos montañeros que están habituados a usar siempre botas, una buena medida para ayudar a dar mayor movilidad a sus pies y disminuir carga muscular, sería alternar el uso de la bota por la zapatilla de montaña en aquellas rutas en las que estamos seguros de que no vamos a encontrarnos superficies  muy irregulares o condiciones climatológicas de frío excesivo o nieve. Si siempre hemos usado botas, es normal que la percepción sea la de ir más protegido por las mismas. Es lo mismo que el jugador de fútbol o baloncesto que siempre ha jugado vendándose los tobillos. El día que no lleva esa protección se siente mucho más vulnerable. El hecho de alternar las botas con zapatillas facilitará el hecho de que nuestros músculos y tendones tengan que trabajar para realizar su función estabilizadora, mientras que el hecho de usar siempre una protección facilita un funcionamiento más insuficiente de los mismos.

 

En resumen, alternar ambos calzados puede ser una opción perfecta para combinar sujeción con movilidad. No se trata de “ser de zapatillas” o “ser de botas” sino de tener el criterio acertado en cada momento.

 

 

Una excepción a lo comentado en este artículo sería el caso de las mujeres embarazadas. En el embarazo se produce un aumento de “relaxina" que es la hormona que permite que los tejidos del cuerpo de la madre se vuelvan más elásticos para poder adaptarse a todos los cambios físicos que supone el embarazo. Esto afecta directamente a la elasticidad de los tendones haciendo que estos sean más laxos. Quiere decir que los músculos y tendones que deben estabilizar nuestros pies están más “estirados” y por lo tanto tendrán menos efectividad. En este caso sería recomendable realizar todas las excursiones con botas para garantizar mayor estabilidad y evitar el riesgo de accidente.

 

Si quieres saber más sobre cómo cuidar paso a paso tus pies en la montaña te lo contamos en este artículo.

 

 

Víctor Alfaro Santafé

Podólogo / Experto en Biomecánica

Director General Podoactiva

Responsable Podología Sanitas-Real Madrid

Colaborador Federación Madrileña de Montaña (FMM) y Federación Aragonesa de Montaña (FAM)

 

Comentarios

mike (no verificado)

Un artículo muy útil para empezar la temporada de montañeo. Gracias!

Fernando (no verificado)

Años haciendome la misma pregunta hasta que al fin alguien me la responde Muchas gracias.:) .

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