Consejos para cuidar los pies en verano

El verano es la época del año en la que los pies están más expuestos al sol y a factores externos, y que más directamente entran en contacto con la superficie del suelo, tras permanecer durante los meses más fríos protegidos por los calcetines y el calzado. Por esto, y por el tipo de actividades propias de la época estival, desde Podoactiva recordamos una serie de consejos que nos ayudarán a proteger la piel de nuestros pies, evitar contraer infecciones y el desarrollo de posibles patologías.  Lo primero que tenemos que tener en cuenta es cómo elegir el calzado adecuado. Se recomienda usar calzado abierto y transpirable, y fabricado con materiales no agresivos a la piel. “Es importante utilizar calzado que tenga suela resistente y evitar suelas demasiado planas y finas, ya que esto conlleva forzar la articulación y que aumente la tensión generada en la fascia plantar, el tendón de Aquiles o los gemelos”, explica Javier Alfaro, director técnico de Podoactiva. También es importante utilizar calzado en el que el pie se asiente cómodamente y que esté bien sujeto, tanto en la parte delantera como en el tobillo. Por eso, hay que recordar que se desaconseja el uso de chanclas de manera continuada y durante tiempos prolongados por la inestabilidad que genera al tener el pie menor sujeción. Además, se puede modificar el patrón de la marcha, pues se tiende a dar pasos más cortos y se altera el funcionamiento del grupo muscular de la articulación inferior. “No es un calzado diseñado para caminar y puede generar problemas con el paso del tiempo, como desarrollo de los denominados dedos en garra u otras patologías como fascitis plantar”, sostiene Alfaro.  En caso de utilizar plantillas personalizadas, se recomienda elegir modelos de verano con plantilla extraíble de manera que podamos insertar la nuestra y continuar con el tratamiento.

 

En verano es habitual sufrir rozaduras al dejar de usar calcetines y aumentar la fricción del material del calzado sobre la piel. En ese caso, se recomienda curar las heridas generadas y cambiar de calzado para evitar que se agraven las heridas o se desarrollen ampollas. En caso de generar ampollas el tratamiento aconsejado es explotarlas para evacuar el líquido, colocar povidona yodada sobre la zona pero no retirar la piel, ya que esa piel es el mejor apósito para proteger la zona. Sí que se aconseja el uso de chanclas como barrera de protección en zonas húmedas o en los lugares en los que frecuentemente se producen encharcamientos de agua, como zonas de vestuarios, duchas comunes o accesos a piscinas. “Esas zonas son caldo de cultivo para el contagio de hongos o el virus del papiloma humano en la zona plantar, una enfermedad muy típica en niños y deportistas”, explica Alfaro. Para erradicar aún más la posibilidad de contagio, se recomienda no compartir el calzado ni la toalla, ni caminar descalzo sobre moquetas de hoteles o superficies de espacios públicos.  Después del baño o la ducha, se recomienda secar los pies en profundidad insistiendo entre los dedos y en las uñas para eliminar la humedad.

 

Tras pasar el día en la piscina, también es aconsejable lavar bien las chanclas y los pies en casa como medida extra de higiene, secar bien los pies, y siembre finalizar con la hidratación mediante la aplicación de una crema específica para pies. Se recomienda el hábito de la hidratación de los pies con cremas podológicas diariamente antes de acostarse aplicando un pequeño masaje, para mantener la hidratación y la protección natural de la piel. Lo ideal es hidratar el pie por la noche, antes de dormir aplicando un masaje.  A la hora de tomar el sol, se recomienda aplicar crema solar en todo el cuerpo, incluidos los pies en su totalidad, también el dorso, ya que pueden sufrir quemaduras. En los paseos por la playa, tratar de evitar las horas de más calor por la alta temperatura de la arena, y prestar atención en cada paso para evitar pisar objetivos que puedan dañar nuestros pies.  También recordar la importancia de realizarse sesiones de quiropodias a lo largo de todo el año en las que el podólogo hará una primera valoración del estado del pie y de las uñas. Son tratamientos consistentes en la deslaminación de durezas, eliminación de callosidades y helomas, fresado de talones y corte y limado de uñas.

 

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